Alergia y ciclismo

Superusuario CicloLista · 10 de enero de 2011 Article Rating
Alergia y ciclismo

Este artículo del Dr. Alberto Sacristán nos explica en qué consiste la alergia al polen, y hasta qué punto puede ser compatibles con la carrera a pie. Es aplicable también al ciclismo, cuyas necesidades cardiopulmonares son similares.

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Mikel Arizaleta
# Mikel Arizaleta
viernes, 13 de mayo de 2011 10:00
Ciclistas en primavera


Tillmann Prüfer escribía en Zeit Magazin que antiguamente los hombres se calzaban el caso para ir a la guerra. Era símbolo de hombre intrépido. Con el casco en la cabeza la mirada del hombre se volvía altanera y sus ojos cobraban brillo y perdían miedo ante el enemigo; el sable, la albarda y el casco incitaban al cuerpo a cuerpo, al cara a cara.
Hoy, que los más vemos la guerra por televisión y desde lejos, nos hemos liberado de esa experiencia inhumana, y el casco significa otra cosa: nos pone en guardia, nos exige prudencia y muchas veces nos provoca un apunte de miedo. Así se explica quizá que haya numerosos bicicleteros en esta primavera que se nieguen a calzárselo al zapatear con sus bicis por la ciudad, siendo no menor el peligro de partirse uno el cráneo pedaleando por nuestras calles en medio de la circulación ruidosa y agresiva o ante la súbita puerta del coche aparcado, que se abre a tu altura y te lanza de bruces a la brea.
Es cierto que el diseño de los cascos en su mayoría es feo: con ellos o uno se ve extremadamente deportivo, como participante en el Giro de Italia, o exageradamente patán, como cubo o papelera incrustada en la cabeza.
¿Acaso no hay casco digno que pueda llevarse sin sonrojo?
La industria de la vanidad viene trabajando desde años en nuevas formas. El diseñador Paul Smith ha propuesto para el Giro toda una serie variopinta, pero quizá el problema no es tanto el casco como el bicicletero.
En tiempos la moto se conducía sin casco, piénsese en la película Easy Rider de Dennis Hopper. Hoy, que la circulación es más espesa y las motos más veloces, al motorista sin casco se le tilda de suicida y loco, no se comenta su casco. Es posible que en el futuro el bicicletero deje también de hablar del casco, de su porte y su belleza, porque el no portar quizá se vuelva temerario.
Y, recordando viejos tiempos, quien lo calce se introducirá e inmiscuirá sin miedo en el tráfico de la ciudad, se abalanzará y participara en esa batalla de cientos de coches y, sin más miramientos y con descaro, zapateará las calles con sus dos ruedas desmontable y con cambio.
Y nuestra ciudad en primavera se volverá cada año un poco más Amsterdam.


Mikel Arizaleta, 17 827 048

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