SIERRA SUR DE JAÉN

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HISTORIA

La privilegiada situación geográfica de la comarca favoreció su poblamiento desde la Antigüedad. Las tierras son riquísimas en yacimientos arqueológicos que abarcan desde el Paleolítico hasta el esplendor del Islam medieval. Se han hallado yacimientos neolíticos en cuevas, poblados y necrópolis megalíticos y enterramientos de la edad de Bronce.

De los íberos se conservan vestigios que expresan la importancia que tuvo esta cultura en la región. El largo período de dominación musulmana ha proporcionado una multitud de objetos valiosos, como cerámica monedas de oro y de plata, y también joyas.

El sistema de defensa medieval estaba formado por un reguero de fortalezas que albergaban las guarniciones, de castillos rurales que daban cobijo a los indefensos campesinos, y también por un complejo entramado de atalayas que, a manera de avanzadilla, vigilaban los movimientos del enemigo. De estas últimas es fácil diferenciar las musulmanas, sencillas y de mampostería, de las cristianas, construidas con piedra, más aparatosas y decoradas.

Después de la batalla de Tolosa (1212) se necesitaron 50 años para fijar las fronteras cristiano-musulmanas más allá del Guadalquivir, y tan sólo una década para arrebatar el último reducto al reino nazarí (1492). Entre las dos etapas, pasaron más de dos siglos de estancamiento militar, motivado fundamentalmente por las luchas internas en ambos bandos. Fueron célebres las trifulcas entre el rey Enrique IV y su nobleza rebelde a mediados del siglo XV. Jaén y Alcalá, entonces en manos de los cristianos, militaban por el monarca, mientras que Martos y los Calatravos cultivaban la enemistad contra el mismo.

En un principio, los castellanos tuvieron que instalarse en sus posesiones. Fernando III daba a la Orden de Calatrava el sitio de Martos, que rápidamente se convertiría en un zócalo estratégico, con sus dos fortalezas y sus "castillos rurales" (Víboras, Susana y de la Torre). Por otra parte, los musulmanes, mejor dotados con las ciudadelas de la Mota (Alcalá la Real), Alcaudete y Castillo de Locubín, optaron por mejorar el sistema defensivo.

Lo que sigue se resume en un sinfín de conquistas, pérdidas, traiciones, revanchas y escaramuzas, que demoraron las tomas definitivas de las plazas fuertes granadinas a mediados del siglo XIV, pero que favorecieron el comercio entre la vega del Guadalquivir y la de Granada. En los callejones de Alcalá convivieron "moros y cristianos" hasta pasada la rendición de Boabdil, el último rey nazarí.