DE CÓMO SOBREVIVIMOS AL DESSAFIO Ó CRÓNICA DE UNA MUERTE ANUNCI

DE CÓMO SOBREVIVIMOS AL DESSAFIO Ó CRÓNICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA

El día 20 de Marzo de 2008 nos reunimos en el Parque municipal de Castillo de Locubín catorce ciclistas de los clubes Ciclocubín y Peña Ciclista Alcalaína. Algunos de los ciclistas de Alcalá vinieron montados en la bicicleta y otros cargaron sus bicicletas en una furgoneta reuniéndonos todos en el Parque de Castillo.

Me desperté a las 6:50 de la mañana y mi madre (que todos los días se levanta antes que yo) me había preparado las tradicionales “torrijas” de Semana Santa para desayunar. Me tomé 4 de esos deliciosos dulces con azúcar y chocolate que me dieron la energía suficiente como para superar la dureza de las primeras rampas.

Empezamos la ruta con cierto retraso, aproximadamente a las 8:25 de la mañana, por los saludos iniciales y para esperar a los ciclistas venidos desde Alcalá. El tiempo era inestable con nubes y claros y un 35% de posibilidades de lluvia según las predicciones meteorológicas.

Salimos de Castillo por la carretera de la Fuensanta, aunque apenas 2 kilómetros de asfalto entramos en terreno no asfaltado cruzando los parajes de la Alfávila, El Puente Cama, La Nava del Peral (Cortijo de Majolero) hasta llegar al término de Valdepeñas de Jaén. En este tramo de carril sufrimos dos contratiempos inesperados: primero pinchó la rueda delantera Rafa y luego Fuentes de la Peña Ciclista Alcalaína, teniendo incluso que poner un parche en este caso. Eso nos retrasó una media hora en total, aprovechado los demás para comer y reponer fuerzas.

Llegamos a Valdepeñas y nos hicimos unas fotos de grupo en la plaza, ayudados por dos niños a los que José “el Sastre” entregó las cámaras de fotos. Hecha la foto de rigor nos montamos de nuevo en las bicis y nos detuvimos a la salida de Valdepeñas, junto a una fuente, para tomarnos el bocadillo. Eran las 10:20 de la mañana. Llené el bidón en la fuente y tomé una barrita y un plátano.

A las 10:30 nos pusimos de nuevo en marcha, esta vez para afrontar el primero de los dos puertos duros de la jornada: Navalayegua. Aunque no conocía el puerto sabía de su dureza y de la dureza del resto de la ruta, así que decidí reservar fuerzas no llevando un desarrollo muy duro, tomando una velocidad media de 6.5 – 7.0 km/h. De esa forma mi pulsómetro marcaba 165 – 170 pulsaciones. A mi ritmo, fui ascendiendo dejando tras de mí a 3 ciclistas hasta que me enganché a alguien que pedaleaba al mismo ritmo que yo. A la media hora (eran aproximadamente las 11:00) nos reagrupamos en una valla para el ganado (tuvimos que abrir y cerrar varias durante el recorrido) y José “Sastre” nos informó que estábamos en la mitad de la subida. En este punto perdimos a un ciclista, un miembro de la Peña Ciclista Alcalaína tuvo que regresar por problemas en su rodilla. Para la segunda parte del puerto decidí poner un desarrollo algo más duro (baje del piñón 2 al 3) y a mi ritmo fui ascendiendo hasta la cumbre dejando tras de mi de entrada a tres ciclistas y enganchándome a la rueda de Miguel de la Peña Ciclista Alcalaína. Después de casi un kilómetro y medio a su rueda decidí tirar un poco más subiendo mis pulsaciones de 170 a 175. A unos 200 metros de la cumbre, faltando un par de rampas duras, en un descansillo, alcance y sobrepasé a otro miembro de la Peña Ciclista Alcalaína. Al girar la siguiente curva pude ver que había ciclistas parados, síntoma inequívoco de que la cumbre estaba cerca, muy cerca. Cuando la alcancé, mi reloj marcaba las 11:35, de modo que empleé, más o menos, una hora en subir la primera dificultad montañosa del día. No me pareció tan dura como en el perfil de la etapa y en ese momento pensé que podría vencer al Dessafio.

Al descender el puerto, nos encontramos con coche que se había quedado metido en una cuneta. El conductor estaba acumulando piedras de gran tamaño para ver si así podía hacer que la rueda girase. Entre los 13 ciclistas ayudamos al conductor, levantando el coche por delante para que pudiera dar marcha atrás. Entre todos pudimos sacar el coche de la cuneta.

Seguimos nuestro descenso y al pasar un arroyo sufrimos el siguiente contratiempo en nuestra ruta: pinché la rueda delantera. José “Pileta” y Manuel de “Almería”, me ayudaron a cambiar la cámara. Eran las 12:15 de la mañana.


A partir de aquí, empieza nuestra penitencia, nuestro via crucis, y para mí, mi calvario personal. Tardamos media hora, hasta las 12:45, en recorrer 2 kilómetros hasta llegar al Cortijo de Prados debido al barro que había en el carril. Tuve que bajar repetidas veces de la bicicleta para limpiar el barro que se acumulaba en las ruedas, frenos y en el cambio de marchas. Tuve que arrastrar la bicicleta.

Llegados al Cortijo de Prados, donde empieza la segunda dificultad montañosa de la jornada, la Sierra del Trigo, paramos 15 minutos para descansar. Limpié de barro la bicicleta, comí una barrita y un plátano y tomé un sorbo de bebida isotónica.

Tras reanudar la marcha a las 13:00 horas, parecía que el carril podía estar algo mejor que los 2 kilómetros anteriores, con más zahorra y menos barro, pero todo fue un espejismo. Pronto de nuevo las bicicletas se volvieron a llenar de barro y tuvimos que echar pie a tierra y arrastrarlas. Llegados a un punto mi bici tenía tanto barro que ni siquiera las ruedas rodaban. Tenía que pararme cada 10 metros a sacar barro de las ruedas para poder continuar. Intenté llevar la bici a peso, cargada sobre el hombro, pero pesaba demasiado para mí. Nos reagrupamos todos en una valla para el ganado y en ese punto Jorge de Formentera de la Peña Ciclista Alcalaína bromeó diciendo que si Antoine (otro miembro de la misma peña) estuviera allí ese día le haría falta algo más que la banda ancha para comentar todo lo sucedido. Seguimos arrastrando las bicicletas hasta el Cortijo de Alamillos. Yo me quedé retrasado antes de llegar al citado cortijo ya que mi bici pesa más que las de los demás (¡Cómo añoré en ese momento la bici de carretera que pesa 5 kg menos!) y Manuel de “Almería” y José “Sastre” vinieron a buscarme cargando a peso con la bicicleta.

Llegamos al Cortijo de Alamillos a las 15:00 de la tarde y allí había un pilón y una goma donde pudimos lavar las bicicletas. Emprendimos de nuevo la marcha y parecía que el carril nos daba una tregua, siendo de tierra más compacta que nos permitía llevar las bicicletas rodando, pero igual que antes todo fue un espejismo. Igual que antes, a unos 100 metros, las ruedas volvieron a llenarse de barro y tuve que pararme constantemente a retirarlo para poder continuar. Intenté de nuevo llevar la bici a peso, pero me fue imposible. Seguí avanzando en mi Calvario particular, quedándome cada vez más y más retrasado. Estuve una hora peleando contra el barro, la pendiente y el cansancio. En ese momento empezó a llover ligeramente. Cuando me faltaban unos 300 metros para llegar a una carretera (¡Por fin!) vinieron a ayudarme José “Sastre” y José “Pileta”, llevando el primero la bicicleta a peso y arrastrándola el segundo por la rampa de descenso que conduce a la carretera. Eran en ese momento las 16:15 de la tarde. En ese momento aproveché para tomarme una dosis de glucosa líquida que me habían ofrecido. Tardamos 4 horas, desde las 12:15 de la mañana, en recorrer apenas 10 km.


Una vez en la carretera, sentí los músculos de las piernas cansados. Tenía las calas de las zapatillas llenas de barro, al igual que los pedales, de modo que no pude engancharme a la bici y subí hasta los molinos con un desarrollo blando (plato pequeño y piñón 2) a un ritmo de 6.0 – 6.5 km hora. Llegué al punto de reagrupamiento a las 17:00 y aproveché, como todos, para llamar por teléfono en el primer punto en muchos kilómetros con cobertura.

Aproveché la parada para tomarme una barrita, beber un sorbo de bebida isotónica y quitarme las gafas de sol, totalmente innecesarias ya que había una niebla densa en la cumbre.

A pocos centenares de metros de iniciado el descenso tuve que pararme de nuevo para ponerme los guantes de invierno, por el frío que hacía en la bajada.

Seguidamente, cogimos un carril en dirección a Frailes con repechos y descensos. José “el Sastre” me pidió los teléfonos de mi familia ya que yo me estaba quedando sin batería e hizo un gran esfuerzo para poder llegar a Frailes para poder llamar por teléfono. Sin embargo, al finalizar el carril, en un santuario con una cruz, todos nos reagrupamos de nuevo. A mí me hizo efecto la glucosa y las barritas que me tomé en lo alto del puerto y fui recuperando fuerzas en el carril de Frailes. Desde ese punto, donde había cobertura, José “Sastre” llamó a su hermano para que viniera a buscarnos con el coche a Frailes, ante la imposibilidad de llegar al Castillo montados en la bicicleta y de día. Los miembros de la Peña Ciclista Alcalaína (incluso los que habían dejado la furgoneta en Castillo) pedalearon hasta Alcalá. Tomé una barrita (aún me quedaba otra que no me comí) y un sorbo de bebida isotónica que luego ofrecí a los demás que iban sin agua.

Descendimos por la carretera hasta Frailes, en la única ocasión en toda la ruta que pude poner el plato grande y el piñón pequeño. En la plaza de Frailes estaba esperando el hermano de José “Pileta”. Los demás atravesamos Frailes y entramos en un bar cercano al Cuartel de la Guardia Civil, donde repusimos fuerzas tomándonos café y dulces. Eran las 18:00 de la tarde. A las 18:30 vinieron los “transportistas” de bicicletas y regresamos a Castillo de Locubín.


Nos rendimos, la montaña nos venció, pero perdimos con honor. Para mi es la segunda vez que el “Dessafio” me vence. Todos recuerdan aquel fatídico día de Octubre cuando se me rompió el eje de la rueda trasera cuando apenas llevábamos 14 km. Seguro que volveré a intentar vencer a ese recorrido y que a la tercera va la vencida, sé que puedo derrotar a ese perfil, que aún no he llegado al límite de mi capacidad.

Las derrotas sólo hacen más fuertes a los valientes y más dulce el sabor de la victoria final. Para aquellos que crean que no es posible sólo voy a recordarles las palabras que empleaban los generales romanos antes de una batalla:

¡Fuerza y Honor!


Eduardo Soler Rosales

Castillo de Locubín, 21 de Marzo de 2008.