CRONICA DEL II ASCENSO A LA PANDERA

(escrita en Mayo de 2004 en Madrid)

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Longitud: 114 km.
Desnivel acumulado: 2541 m.
Dificultad: Muy alta
Leer crónica de la marcha

SALIDA:
Parque de los Artesanos, de Los Villares

PERFIL:

 

CRÓNICA


En primer lugar, agradecer a mis amigos de Málaga Rafa Rúa, Carlos, Alfonso y José Antonio la compañía durante el transcurso de la marcha y las bonitas palabras que me dedicó Rafa Rua en su correo al foro de la ciclolista, un grupo de distribución de correo de internet alojada en http://www.ciclistas.org. Su compañía fue muy grata y espero se repita en el futuro, ademas su pagina web es de las mejores que he visto en relación al cicloturismo ( http://www.rafarua.com http://www.cicloaxarquia.com )...


PRELIMINARES

Se inscribieron entre 150 y 200 participantes. El día comenzó soleado, aunque algunas nubes oscuras se cernían sobre las cumbres. Al desplazarme a Los Villares en coche desde mi pueblo pasé por gran parte del recorrido que haría más tarde en bicicleta. Se veían las antenas de la Pandera ligeramente tapadas por una niebla que a míi no me parecía peligrosa... pero me equivoqué!!

En el set de inscripción conocí a dos ciclolisteros, Rafa y Carlos, y unos amigos suyos, José Antonio y Alfonso. Con ellos compartí largas conversaciones durante la ruta. Soportaron estoicamente mis disertaciones sobre la comarca y el ciclismo de la zona, teniendo la delicadeza de no decirme lo pesado que me estaba poniendo.

Aunque no habia podido coger la bicicleta en todo el mes de Mayo por culpa de viajes de trabajo, me encontraba francamente bien, y dos días antes habia hecho parte del recorrido con sensaciones muy buenas, así que no tenia miedo. Ese fue mi gran error. No se puede subestimar a la Pandera en ningún caso.

La organización mostró algunos detalles de inexperiencia y se montó un pequeño lío en la entrega de maillots del principio, pero se solventó con buena fe por parte de todos. Los pequeños errores son comprensibles y no debemos cebarnos en la crítica, porque las marchas cicloturistas en el sur no son precisamente abundantes, y conviene tratar con mimo a los pocos organizadores que lo intentan.

COMIENZA LA MARCHA

Los primeros 20 kilometros fueron relajados, incluso aburridos. En mi opinión, este terreno sobraba para la marcha. Al pasar Fuensanta de Martos (km. 30) nos internamos en las zonas de media montaña de la Sierra Sur, plagadas de olivares, colinas y barrancos. La primavera esta en su apogeo en esta epoca y las recientes lluvias hicieron que el campo estuviera radiante. Un precioso recorrido entre falsos llanos y cortas subidas nos llevaba hasta mi pueblo, Castillo de Locubin, en el km 55, donde nos dieron un avituallamiento abundante, aunque no muy apropiado en mi opinión (no me parecía razonable meterme un bocata de mortadela justo antes de empezar la fiesta). Ese fue mi segundo gran error, porque abusé de la bebida y no me di cuenta de comer lo suficiente.

En Castillo se dio la salida del recorrido corto, en el que solo se habian inscrito 10 o 12 corredores más.

SUBIENDO...

Emprendimos la segunda parte de la marcha con bastante retraso sobre el horario previsto, lo que hizo que la organización dejara de controlar tanto. El primer puerto de verdad era el de Locubín, con 10 kilómetros de subida, la mayor parte al 6 %. Empecé bien, pedaleando con ritmo normal junto a Rafa y Alfonso. Dejamos atras a 5 paisanos de mi pueblo que se habían unido a la marcha en Castillo. A 5 kms de la cumbre empecé a notar que mis piernas no respondían como antes. Fue un cambio brusco, nunca antes me había pasado, y cuando me quise dar cuenta estaba sufriendo una pájara de impresion. Rafa y Alfonso estaban unos metros por delante y ya no volví a verlos en toda la jornada. Ni siquiera les pude decir que me estaba quedando sin fuerzas, aunque creo que se dieron cuenta. A 2 kms de la cima me alcanzaron mis paisanos, y empecé a oir los motores de los coches que cerraban la marcha muy cerca. Recordé de pronto que me quedaban 3 barritas de cereales y me las comí de golpe, pero llegaron demasiado tarde... Esta vez, a diferencia del año anterior, no pude disfrutar de los bellos paisajes de olivares bajo la sierra Ahillos, ni de las bonitas vistas de mi pueblo al pie de la Acamuña. Mi conversación se agotó bruscamente y empecé a tener una extraña sensación de calor cada vez que salía el sol entre las nubes.  Objetivamente no hacía calor, y se supone que soy de los que van mejor con sol que con frío. La verdad es que estaba sufriendo un importante bajón y bastante hacía con pedalear!...

En la bajada enlacé con el grupo principal. Cruzamos las calles de Valdepeñas de Jaen (km. 75) ante una inmensa expectación, pues se acababan de celebrar comuniones y la gente que salía de la iglesia se agolpaba en las aceras. Parecía una etapa de la Vuelta, con todo el público animando!!!

A PUNTO DE DESISTIR

La subida hasta la verja de la Pandera, unos 7 kms desde Valdepeñas, no tenía desniveles importantes, pero se me atragantaron porque aún venia muy tocado por la pájara que había sufrido. Empecé a recobrar energías, pero no me quedaba terreno de descanso por delante. Me acomodé en un grupeto justo delante del guardia civil que cerraba la carrera. En esos momentos tenía claro que no iba a intentar el asalto a la Pandera...  Me adelantó una furgoneta de uno de los clubes y desde la ventanilla me ofrecieron generosamente un tubo de glucosa. Lo devoré agradecido.

En la verja, a 8 kilómetros de la cima, descansé un poco y vi que muchos abandonaban. Otros se subían a un autobús que les llevaría hasta arriba, para pedalear sólo el ultimo kilómetro del alto. Por entonces ya había decidido que iba a abandonar y bajar directamente a Los Villares, pero de repente me empecé a sentir un poco mejor. No se si fue la glucosa o la imagen mental de mis sobrinos de 8 y 13 años, que habían subido a La Pandera en coche. Seguro que estaban esperando ver aparecer a su tito en la meta!! Entonces me dije  ¡¡joder, ya que estoy aqui, voy a subir hasta donde pueda!!

Los colegas de mi pueblo acababan de llegar al mismo punto que yo. Venían indignados porque unos motoristas les habian dicho que estaban "fuera de carrera". Pero ¿qué carrera? ¿Esto no es una marcha cicloturista?.

Iniciamos la subida con la inevitable lectura de la pintada que hay junto a la verja: "Comienza el infierno". El primer kilómetro acababa en unas duras rampas del 15 % que pasé con un "frenético" ritmo de 5-6 km/h. Mi paisano Rafa, que había salido conmigo de Los Villares, sufrió un calambre y tuvo que abandonar en ese punto.

LA SOLEDAD Y LA TORMENTA

Los 3 kilómetros siguientes permitían descansar un poco, con desniveles entre el 5 y 8 %, pero la carretera se inclinaba de nuevo a 4 kilómetros de meta. Al afrontar la zona más dura, donde un cartel avisaba del 15% de nuevo durante 1800 metros, ya tenía claro que, para cuando yo llegara arriba, toda la fiesta habría terminado. En ese punto me había quedado solo. Mis colegas iban unos pocos cientos de metros por detrás. Un autobús repleto de ciclistas me adelantó y se paró dos curvas más arriba, para recoger a  un compañero que tenía calambres. Yo seguía mi ritmo cansino a 3 kms de meta cuando comenzó a llover. Me dijeron que más arriba estaba granizando, ese era el castigo para los machacas!!!

En ese momento pasé a dos ciclistas que se pararon, soltando todo tipo de juramentos, y se dieron la vuelta. A 2 kms de meta comencé a cruzarme con ciclistas que bajaban, junto con las motos de la organización y algunos coches. Les pregunté si me habían dejado algo de comida y dijeron que sí.  Un ciclista de Jaén, llamado Manuel, me alcanzó por detrás y se convirtió en mi compañero de sufrimientos.

A 1 km de meta se pasa un collado y la perspectiva cambia. Se divisan las naves que fueron militares. Me crucé con los ciclolisteros malagueños, que ya bajaban. Me dieron ánimos, y lo agradecí.

Por fin conseguí llegar a meta. Efectivamente, todavía quedaba algo de comida y bebida, aunque sólo había una furgoneta de la organización. Todavía llegaron 5 ciclistas más, mis colegas del pueblo y Manuel, el chaval de Jaén que me acompañó los dos últimos kilómetros.

Después de descansar un poco bajamos a Los Villares, ya completamente solos, sin guardia civil ni público... sólo quedaba detrás de nosotros la furgoneta que iba recogiendo la basura de los avituallamientos.

En definitiva, una experiencia más dura de lo que había previsto, con la satisfacción de haber terminado la jornada pero la espinita clavada de no haber respondido mejor. Espero que el año 2005 se repita la marcha!


José A. Jiménez.

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