CRONICA DEL
I ASCENSO A LA PANDERA
(escrita el 28 de Julio de 2003 en Castillo de Locubín)
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Ayer participé en la I marcha
cicloturista "Ascenso a la Pandera". He de reconocer que me asaltaban
muchas incertidumbres. Con mis escasos 1500 km recorridos este
año y por el hecho de tratarse de una cumbre de tal envergadura, no sabía si
sería capaz de llegar a culminarla.
El no haber podido subir nunca al
alto, por encontrarse cerrado al tránsito todo el año,
añadía mucho interés a la empresa. Por otra parte,
era el primer año que se celebra esta prueba, lo que me
hacía preguntarme muchas cosas... ¿Participará
mucha gente? ¿Vendrán desde muy lejos? ¿Qué
nivel tendrán? Me preocupaba que sólo viniera gente muy
preparada y yo tuviera que arrastrarme en solitario durante la marcha,
y por otro lado, tenía miedo de que, para ser la primera vez que
una marcha sale de mi pueblo,
la organización no fuera todo lo brillante que yo deseaba.

EN MARCHA
Con estas dudas me acerqué al
parque municipal, donde se entregaban los dorsales y había un
avituallamiento líquido ¡antes de empezar la marcha!. Vi
con alegría varios coches de clubes y maillots de Antequera, El
Ejido, Roquetas, Bailén, etc... La mayoría de ellos a
más de dos horas de distancia de Castillo de Locubín, de
donde partía la marcha. Había unos 140 participantes
inscritos. El mismo día se celebraba la subida cicloturista al
Veleta, lo que sin duda restó participantes a
nuestra marcha.
Se veían muchas bicicletas de
montaña y otras de carretera con tres platos (como la
mía). Algunos valientes sólo llevaban dos platos. La
gente dudaba de que estos últimos pudiesen completar todo el
recorrido sin bajarse de la bicicleta.
La marcha fue muy controlada por el
coche de la organización, que intentó frenar un poco a
los más lanzados, con el objeto de que los ciclistas no se
disgregaran excesivamente. Al menos 10 motos de la organización
señalizaron todos los cruces perfectamente. Se realizaron 3
paradas para reagrupar a los ciclistas.
Un paseíto por Castillo de
Locubín, una bajada de 1 km hasta el río San Juan (que
más tarde cambia su nombre por el de Guadajoz) y comienza la
primera subida del día, el Puerto de Locubín. Se trata de
9,5 km con un descanso a mitad de subida. Se pasa de 600 m a 1095, con
rampas que no llegan nunca al 10 % pero se hacen duras por ser muy
continuadas. El pelotón se estiró muchísimo en
esta subida entre olivares que, en la parte alta, dejaban paso a zonas
de pasto para ganado y bosque autóctono de encinas. En la margen
izquierda de la carretera, desde nuestra privilegiada situación
en la ladera de la montaña, se observaban extensas plantaciones
de olivos. Al fondo, la Peña de Martos y la sierra Ahillos,
donde se producen los más hermosos atardeceres del mundo ;-)
El objetivo de nuestra ruta, la
sierra de la Pandera, no comenzó a divisarse hasta la bajada del
puerto de Locubín, por una carretera sinuosa pero bien
asfaltada. En Valdepeñas de Jaén, 18 km después de
la partida, se produce un reagrupamiento con avituallamiento
líquido. Aquí se incorporan algunos cicloturistas locales
y empezamos a temblar pensando en los siguientes 15 km, terreno de
continua subida incluyendo las rampas del 20 % de la Pandera. Estamos a
900 metros de altitud, y
hemos de llegar a 1850 m. La primera
parte de la subida son 4 km bastante relajados por la carretera
comarcal que conduce a Jaén, pero súbitamente se toma un
giro a la derecha, se franquea una puerta metálica que yo nunca
antes había visto abierta y nos encontramos una pintada en el
suelo que dice "Comienza el infierno".
ASALTO A LO
DESCONOCIDO
Las primeras rampas de subida y mi
natural prudencia de globero consciente de serlo, me llevan a poner el
tercer plato nada más comenzar. Algunos empezaron la subida con
un ritmo que más tarde pagarían. Los 3 primeros
kilómetros son duros, pero se hacen suaves
psicológicamente, pensando que las verdaderas rampas
están por llegar.
El calor estaba pegando fuerte (eran
las 12 de la mañana). Cuando se me había terminado el
agua, apareció una furgoneta de la organización que me
ofreció una botella de agua por la ventanilla. Me supo a gloria.
De pronto, a 5 km de la cumbre, aparece una señal de
tráfico que anuncia una subida del 15 % durante 1,8 km. A partir
de aquí fui superando a un rosario de ciclistas que
subían a pie, empujando sus bicicletas. Mi velocímetro
bajó hasta los 5 km/h y quería pararme, pero la certeza
de que después sería imposible enganchar las calas me
hizo aguantar sobre la bici. Conseguí superar estos terribles
dos kilómetros a ritmo extraordinariamente cansino,
acompañado por varias bicicletas de montaña. Lo de
"acompañado" es un decir; allí cada uno iba a lo suyo,
resoplando y sudando como condenados, con la vista fija en el siguiente
viraje. A 2 km del alto la subida se suavizó un poco y puse el
plato medio, con la moral por las nubes por no haberme bajado, pero de
repente otro viraje y otra terrible rampa me hicieron temblar. Alguien
que llevaba un inclinómetro me dijo que habíamos superado
el 20 % de inclinación. Esta nueva rampa era más corta,
pero se atragantó como la anterior. A 1 km para llegar, se cruza
la arista de la montaña, aparecen unas impresionantes vistas
sobre el valle y una pequeña bajada nos muestra por fin las
destartaladas instalaciones militares y las antenas de comunicaciones
que todavía presiden la cumbre. Las dos últimas curvas
dan entrada a la zona militar y con una suave subida se entra en la
meta, a 1850 m de altitud, donde se encontraba la zona de
avituallamiento líquido y sólido. El personal de la
organización y el público aplaudía a los que
íbamos llegando con caras de sufrimiento, pero con la inmensa
alegría de ver nuestro objetivo cumplido. Creo que llegué entre
los 100 primeros, lo cual superaba mis expectativas.
EL REGRESO
De vuelta a Castillo de
Locubín, el ritmo se incrementó considerablemente.
Llevábamos un cierto retraso sobre el horario previsto inicialmente. Superado el pueblo
de Valdepeñas de Jaén, el puerto de Locubín en su
vertiente norte es mucho más suave, pero los clubes bien
preparados hicieron una subida fuerte (o eso me pareció a
mí), por lo que llegué en solitario. Detrás de
mí quedaban bastantes ciclistas, pero yo sólo pensaba en
intentar enlazar con los que me precedían en el descenso. A 2 km
de meta la suerte me jugó una mala pasada. Tomé una curva
bastante deprisa, y a la salida cogí un bache traicionero. Mi rueda trasera
reventó. Tuve que parar a cambiar la cámara. No
tardé mucho en el cambio, pero mi moral bajó considerablemente. Me pasaron algunos
ciclistas más. Cuando reanudé la marcha, la rueda estaba
perdiendo aire y tuve que parar de nuevo. Apoyé la bicicleta en
el quitamiedos y detrás de este salió un grupo de avispas
que me provocaron 2 picaduras. Salí de allí como pude,
corriendo patosamente sobre mis calas ante el asombro de otro
cicloturista que pasaba en ese momento, e hinché de nuevo la
rueda. Esta vez quedó bien, y subí los últimos 600
metros hasta el pueblo, con un 10 % de inclinación y bastante jodido por
las picaduras de las avispas. A la llegada, un bocadillo de
jamón y bebida discreción para todo el mundo. Hubo
bonitos trofeos para el club más lejano (El Ejido,
Almería), el participante de mayor edad (68 años), el
club con mayor número de participantes y algún otro que
no recuerdo...
Espero que los organizadores
estén satisfechos con el resultado y que el próximo
año se repita el evento, a ser posible con mayor
participación y sin que coincida con ninguna otra marcha.
José A. Jiménez.