ANTOINE  GONZÁLEZ, REPORTERO Y ÚNICO REPRESENTANTE DE LA PEÑA ALCALAÍNA EN LA VI MARCHA CICLOTURISTA “VÍA DEL TREN DEL ACEITE 2008”

 

Durante 90 kilómetros, las viejas locomotoras y los rústicos álamos, encinas  y olivos acompañaron al medio millar de ciclistas que participaron en la ruta verde de la Subbética. El recorrido unió los municipios de Lucena, Cabra, Doña Mencía, Zuheros  y Luque.

 

  

 

El recorrido del antiguo tren del aceite posee firme de balasto, sellado mediante zahorra, con doble tratamiento asfáltico, bien asentado sobre una capa de alquitrán. A pesar de la gravilla, no existe tierra en la mayoría de los tramos y por tanto no hay mucho riesgo de deslizamientos.  No obstante, el peligro de la ruta, dada la velocidad a la que se desarrolla la prueba para algunos participantes, se  encuentra en los pivotes, nada menos que tres, en la entrada y salida de los puentes, pontones y viaductos que antaño recorría el tren y que hoy conforman la ruta.

 

 

  

 

La salida neutralizada se inició en el Pabellón Polideportivo municipal a las 10:30, seguida de un recorrido por las calles de Lucena, hasta la Estación, en las afueras de la ciudad. La carrera propiamente dicha se dispara y discurre por las vías. Gloriosos parajes los que dejamos a los lados, alamedas, encinares y dehesas. Hasta las proximidades de la laguna del Salobral, se recorre  el parque Natural de las Sierras Subbéticas.

 

Al contrario que la ruta de la vía del aceite de Jaén, el recorrido tiene sólo 4 viaductos metálicos: el puente de hierro o viaducto del Alamedal, viaducto Dientes de la Vieja, viaducto de la Sima sobre el arroyo del Fresno. Antes de llegar a la Estación de Doña Mencía pasamos por el túnel del  Alamillo y el viaducto en curva sobre el río Bailón, al pie del castillo de Zuheros

  

  

 

Al salir de la Estación de Luque, con su vagón perfectamente conservado, giramos a la derecha, entre olivares típicos de las tierras de Jaén e iniciamos una cuesta arriba hacia Luque y las ruinas de su viejo castillo erguido sobre una mole rocosa.

 

Pedaleando a orillas de verdes olivares en la línea fronteriza entre las provincias de Córdoba y Jaén. Os presento a Silvia, la joya de este paraíso, un sol radiante rodando sobre raíles entre olivos, en las proximidades de la Estación de Luque. Silvia, tu compañía fue la mejor maravilla de la vía verde del tren del aceite. Me habría gustado seguir haciendo la ruta contigo y hablando de tantas cosas, escuchando tu dulce voz de refrescante zumo de naranja.

Estás espléndida y radiante como el sol en este fabuloso primer ascenso hacia Luque. Gracias por hacerme feliz. Fueron instantes eternos e  inolvidables.

 

 

  

Desde este pueblo nos desviamos por carretera, hasta Zuheros. Dejamos a la izquierda la subida a la Cueva de los Murciélagos y nos introducimos por calles angostas hasta los miradores, al pie de las ruinas del castillo de Zuheros, donde nos espera el tercer avituallamiento.

  

 

 

Desde allí tomamos la vía verde. Pedaleamos de nuevo sobre el puente de mayor valor monumental que vadea el río Bailón. Enfilamos la vía verde hasta Cabra, pasamos por la Estación de Doña Mencía y proseguimos en leve descenso de un 3%. Con mucho ímpetu y entusiasmo, continuamos recuperando el tiempo dedicado a tomar vídeos y captar los paisajes con el ojo de la cámara. De vuelta a la estación de Cabra, a 35 kilómetros por hora, pudimos tomar una fotografía a la vieja locomotora  y vimos a vuelapié el Museo de Interpretación del Tren del aceite, los vagones y la valiosa locomotora que recuerdan con su presencia la historia de los ferrocarriles españoles.

  

La subida a “Los Pelaos” comienza después de la estación de Cabra. Se trata de un ascenso de 5 kilómetros, cronometrado, hasta el paraje del mismo nombre. En este ascenso comienzan a marcarse diferencias porque los más expertos en la escalada pedalean a gusto y las llegadas a la cumbre se producen con mucha ventaja por parte de los más preparados. Por tanto en esta crono-escalada a “Los Pelaos” se incrementan los tiempos entre los corredores.

 

Desde ahí bajamos por Fuente Jarcas  hasta la carretera de la Camorra y se enlaza con la vía verde en el cruce de las Erillas. La vuelta a Lucena es trepidante, se trata de una progresiva bajada sobre una pista de grava en la que alcanzamos medias de 37 kilómetros por hora. Desde la ruta, sin tener que bajar de la bicicleta, pudimos hacer fotografías a algunos puentes que forman las carreteras y contrastan con la vieja ruta de los ferrocarriles.

 

En la llegada, los organizadores nos ofrecen reponer fuerzas con unas buenas viandas y un diploma con la distancia total recorrida: 90 kilómetros.

 

 

Mi amigo de Cabra: Manuel Roldán.

 

 

Antonio González Martínez

Abril de 2008