CAZORLA EXTREME - 20 de Abril de 2008
Crónica por Antoine (Antonio González), de la Peña Ciclista Alcalaína.
LONGITUD: 45 kms - DIFICULTAD: Muy alta
Esta prueba ciclista de gran dificultad se vio endurecida terriblemente por las condiciones meteorológicas. Participaron varios miembros de Ciclocubín y de la Peña Ciclista Alcalaína.
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CATORCE CICLISTAS DE ALCALÁ
Los participantes de Alcalá
FUENTES SÁNCHEZ JOSÉ ANTONIO
PAREJA FUNES JUAN MANUEL
ARJONA MONTAÑÉS FRANCISCO
RAMÍREZ CANO EDUARDO
RAMIREZ BOLIVAR RAFAEL JESÚS
LÓPEZ PEÑA JORGE
CANO MARTÍN CRISTÓBAL
COLLADO PEÑA MANUEL JESÚS
GONZÁLEZ MARTÍNEZ ANTONIO
Desde Castillo de Locubín
participaron:
CABRERA PÉREZ FELIX
CABRERA PÉREZ MANUEL
CONTRERAS RODRÍGUEZ JOSE MIGUEL
VALDERAS MEDINA ALEJANDRO
SOLER ROSALES EDUARDO
Desde la primera línea de esta crónica quisiera
aclarar que hice esta maratón con un fin algo distinto al de los otros
ciclistas: cubrir mis funciones como reportero de
Quiero felicitar a los miembros de
La noche anterior a la carrera, mientras caían
chuzos de punta en un diluvio de mal presagio, nos calentamos algunos el cuerpo
tapeando en los bares de
Pese a lo que algunos medios han publicado hasta
ahora, como participante en la carrera puedo afirmar que, a pesar de que estaba
previsto ir hasta el nacimiento del río Guadalquivir, el recorrido fue cambiado
en el último momento por la organización, probablemente buscando recortar el
número de kilómetros. Los dos circuitos previstos hasta entonces, de 50 y de
La salida en esta quinta edición de “cazorla bike extreme” es tan rápida que no dio tiempo a hacernos ninguna foto colectiva, sólo al pelotón de salida, Lolo el bombero y yo en medio.
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Observamos cómo entrenaban los atletas alcalaínos
que saldrían instantes después que nosotros hasta coronar el Pico Gilillo. Compartimos con ellos las condiciones que
convirtieron la mañana en un épico
torneo medieval. Trajeron a casa nueve trofeos: 1º y 2º Masculino, 1ª y 3ª
Femenina, tanto en la general como en sus categorías, y trofeo al Club más
competitivo. Impresionantes los hermanos Mudarra y
Blanca, nuestra compañera ciclista que prefirió competir en atletismo.
El recorrido comenzó con el rápido ascenso hacia
En una bajada noté una sacudida en la rueda delantera, podría haber sido un
fallo en los frenos, no es la primera vez que me traicionan, pero en esta
ocasión fue un pinchazo. Lo más acelerada y hábilmente que pude pese a los
nervios y al frío que me congelaba los dedos, cambié la cámara. Debió de ser
alguna esparraguera al abrirme demasiado hacia los bordes en una curva durante
el descenso. Tras comprobar que no había quedado ningún pincho en el interior
de la cubierta, introduje una cámara nueva. Presionar la cubierta fue una
odisea con las manos congeladas hasta introducirla completamente alrededor de
la yanta. Extraña sensación la de no poder doblar los dedos y no poder sujetar
el manillar hasta que poniendo las manos en contacto con el cuerpo, recobraron
su vitalidad.
En la cuesta arriba es donde podía adelantar, sin
lanzarme demasiado en las bajadas porque se me empañaban las gafas y no veía
casi nada. Mascaba el peligro.
Al fin alcancé a mis amigos y volví a coger mi
ritmo y cadencia de escalador nato. Pronto salimos a una vereda cubierta de barro
donde hice tres fotos a un panel con el plano de esta zona de

Me sorprendieron mis paisanos haciendo de reportero,
algunos pasaron muy rápido y sólo me dio tiempo a fotografiar a Jorge y Abraham
e incluso a filmarlos en esa primera trialera
resbaladiza y cubierta de fango.
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Aquella no era sino una suave vereda, comparada con
las que nos esperaban en la bajada desde el Cerro de Laguna a
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Al otro lado, el castillo de
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Tras una vuelta de ciento ochenta grados,
regresamos por el Hoyo del Pecao (
Lanzados ya en el corazón del bosque, entramos en
la umbría masa de pinos, superamos senderos donde patinaban las ruedas, y
empezamos a subir por veredas y carriles donde la nieve cuajaba delante de
nuestros ojos.

Pronto cruzamos una cascada situada antes de llegar
al avituallamiento líquido y sólido, la pasamos rodando a gran velocidad con
las bicis sobre una roca plana, resbaladiza, con leve inclinación debido a la
erosión de las ráfagas de agua al correr por la superficie, hasta formar otra
cascadilla desde la que hice una foto. Me encantó el lugar y me bajé de mi btt coronas, para atreverme a sortear la cascadilla desde
abajo, rodeándola por la derecha, saltando las rocas por donde fluía el agua,
calzado sobre estas zapatillas con calas que llevamos los ciclistas.
Hice una foto en contrapicado, en el momento justo
en que pasaba un ciclista por la pequeña meseta rocosa, especie de poyo de
piedra, que servía de puente pasadizo, cortando en línea quebrada la geometría
vertical de la cascada.
Después de la cascada, otras “trialeras”
de barro y por fin llegamos al avituallamiento líquido y sólido.
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Prosigo la ruta hacia la izquierda, por un carril
ancho hasta llegar a otra cascada más alta que la anterior, que cae sobre un
río, cruzado por un dique de piedra.
Finalmente iniciamos el último ascenso durísimo por
un carril donde es imposible permanecer todo el tiempo en la bicicleta y se
impone bajarse y empujarla: una riada de agua con tanta fuerza que desgarra
hasta las piedras nos impone su ley.
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Una vez coronada la cumbre, comenzaba el peligroso
descenso hacia el Hotel Sierra de Cazorla. Los
conocedores de la ruta hacia la izquierda y otros como yo, a la derecha, tal
vez equivocados, creo que esta bifurcación generaba dos vías, una más fácil y
otra más peligrosa. Ambas iban a dar al mismo lugar: un pequeño valle donde
pude fotografiar un refugio abandonado con techo oval, similar al del Pico Gilillo pero con cubierta triangular.

Para concluir, querría decir que la organización
debe mejorar en las próximas ediciones por las siguientes razones:
No nos proporcionaron plano del circuito ni de los
lugares por los que transcurriría la carrera, con indicación de las zonas más
peligrosas: fuerte pendiente, estrechísimos vericuetos zigzagueantes al borde
de un barranco.
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Esta fue la vereda trialera
de muy alta dificultad que no todos tomaron y donde me caí dos veces, por
suerte sin graves lesiones, pero mi bici
echó a rodar por el barranco abajo hasta quedarse enganchada en las ramas bajas
de un pino.
Por otra parte el trazado en algunas bifurcaciones
no estaba muy definido, no existían puntos
de control y por tanto pudo haber corredores que conocieran la zona
suficientemente como para acortar distancia, o ganar en velocidad por carriles
o senderos más fáciles.
Debía haberse entregado un plano del circuito con
indicación de los accidentes geográficos más destacados y las curvas de nivel,
como lo hacen en las pruebas deportivas de orientación, lo mismo que una
tarjeta con un número de teléfono en caso de emergencia. No existía personal de
la organización o de Cruz Roja en los senderos, como si al ser ciclistas no
profesionales nuestras lesiones o nuestra suerte importasen menos.
Mi enfado no es con la naturaleza y las preciosidades
que hubo a mi alrededor, sino con la temeridad de quienes plantearon esta
prueba a pesar de que la meteorología no acompañaba, poniéndonos en situaciones
de auténtico y verdadero peligro, teniendo en cuenta que los ciclistas como
nosotros no tienen detrás ni equipos ni preparadores, ni entrenamientos
homologados, para afrontar en esas condiciones una prueba así.
Por otra parte la organización tampoco se portó de
una manera profesional puesto que ni siquiera tuvimos información antes, ni
durante, ni después de la carrera. Y eso, teniendo en cuenta que se modificó el
recorrido en el último momento, resultó bastante irritante.
En algunos tramos la situación era bastante
caótica, un auténtico bebedero de patos, con corredores utilizando carriles,
senderos, veredas alternativas, cada uno a su saber y gobierno, con muy
diferentes grados de dificultad, lo cual es injusto, obviamente, muy
favorecedor de los conocedores del terreno.
Yo adopté deliberadamente la actitud de retirarme
al llegar a las proximidades del Castillo de

Lo único que estuvo a la altura fue el siempre
majestuoso paisaje de
Pienso que la organización pudo haber buscado otra
ruta alternativa ajustada a la situación meteorológica, puesto que la dureza
del circuito quedó incrementada por el factor climático.
Mi queja es que se mantuvo una prueba que
supuestamente era para aficionados, se exigió demasiado a los no profesionales,
porque aunque tengamos las mismas condiciones físicas que un profesional, no
tenemos nunca el mismo apoyo en medios. Un profesional no habría aceptado
competir en ese circuito sin logística y mucho menos en esas condiciones. Si se
exige un rendimiento grande es preciso proporcionar las condiciones necesarias
para desarrollar ese rendimiento. No se puede dar unas condiciones de
aficionado y exigir un rendimiento profesional.
Por tanto, a la organización de la prueba, un cero;
a la filosofía de mantenerla a pesar de los factores climatológicos
extremadamente adversos, otro cero; a la montaña, a la naturaleza, al entorno,
un diez. ¡Y por supuesto a mis paisanos ciclistas de Alcalá

Me he permitido hacer esta evaluación desde mi
doble condición de ciclista y profesor.
ANTONIO GONZÁLEZ MARTÍNEZ
