ASCENSO A PEÑA ESCRITA 2008 (Almuñécar)
Crónica de Antoine (visitar su blog)
El ascenso a Peña Escrita es uno de esos eventos anuales que destacan en el mundo del cicloturismo y sirven de termómetro para medir la temperatura de la temporada. El recorrido, de tan solo 18 kilómetros, no puede exigir más sufrimiento, ya que se asciende desde el paseo marítimo de Almuñécar hasta coronar los 1200 metros, atravesando verdaderos toboganes con una inclinación media del 25% al 28 %. Hoy por hoy se considera el segundo puerto más duro de España.
La peña ciclista alcalaína, muy fuerte tras su refundación, tomó parte en esta subida con seis destacados miembros que exhibían su nueva indumentaria, orgullosamente alcalaína.
El recorrido podría hacerse con la "flaca" perfectamente, aunque en los últimos 5 km convendría tener un desarrollo de 38x29 y estar muy en forma, además de haber entrenado mucho en este mismo circuito, como lo hacen los ciclistas de Almuñécar. No obstante, la prueba debe hacerse con btt porque en el comienzo se recorre el cauce de un río donde hay arroyos, piedras, zarzas y tras un tramo de carretera, un carril largo y estrecho, cuesta arriba muy pronunciada, con bastante desnivel, que rodea una plantación de frutales de la costa tropical: la famosa cuesta de los chirimoyos. Tuve la experiencia de llevar el año pasado cubiertas lisas y derrapaba la rueda trasera y la delantera no agarraba bien. Además, no pude levantarme del sillín.
Una breve línea horizontal hasta llegar a la carretera, con una subida progresiva, es la antesala de las rampas de subida de una montaña rusa construida con rocas y tierra, un carril sinuoso rompepiernas, espina dorsal de la montaña, muy por encima de la playa de la Herradura, aunque jamás el impulso de las bajadas alcanza para llegar a las subidas. En este punto hay que mantener un duro pedaleo y bajar al plato mediano.
Entramos de nuevo en trayecto asfaltado y poco a poco el terreno se va haciendo más duro. Los que ya conocen el circuito intentan desanimarte señalándote con el dedo allá a lo lejos, muy alto, apenas visible, la meta, lejano punto perdido entre grises líneas de altas montañas. Mientras se empieza a subir lentamente, para hacer frente a este reto, de vez en cuando hacer alguna que otra foto y hará más amena la ruta y eso hace posible ir olvidando la ingente dificultad y titánico esfuerzo para las piernas. Las líneas quebradas de la carretera llevan de rampas impensables a bajadas vertiginosas.
Es uno de esos momentos en los que el ciclista aficionado piensa en una corona con más dientes de las que los profesionales sí pueden tener. En el ciclismo profesional hay muchos medios y posibilidades para adaptarse a todos los terrenos. También existe en el ciclismo profesional lo que tristemente está acabando con las aficiones, el maldito dopaje. En este deporte, la diferencia entre los profesionales y los aficionados es, muchas veces, inexistente, salvo en los medios técnicos y en las salvajadas que muchos les hacen a sus cuerpos con las transfusiones y los fármacos.
En adelante la subida es continua y más penosa, con zonas escasas en las que se puede bajar de la bicicleta y donde muchos compañeros se van quedando para continuar la subida a pie. Es la verdadera criba de la subida a Peña Escrita. El zoo que se deja a la izquierda pone la pincelada amable, con las miradas de los animales que nos hacen de espectadores.
Por fin, a 1200 metros de altitud y tras 18 kilómetros de sacrificio, nos saluda la meta con el gran honor de los 6 alcalaínos de pertenecer al grupo de corredores que han aguantado la subida, miradas cómplices, sea cual sea la posición que se haya obtenido.
Antonio González Martínez.