MARCHA CICLOTURISTA INTERNACIONAL
SIERRA NORTE (8 de Mayo de 2005).

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Longitud: 147 km.
Desnivel acumulado: 2600 m.
Dificultad: Muy alta
Leer crónica de la marcha

SALIDA: 
Valdemanco, Madrid, a las 8:30 h.

PERFIL:

A continuación el detalle de los puertos:
COLLADO FRAGÜELA

LA PUEBLA

LA HIRUELA

EL CARDOSO

CAMPADALES

 

MI CRONICA DE LA MARCHA CICLOTURISTA INTERNACIONAL SIERRA NORTE 2005

Debido a un cambio de planes para el fin de semana, a última hora dentro del plazo estipulado, que finalizaba el 5 de Mayo, decidí inscribirme por segunda vez en mi vida en la Marcha Cicloturista Sierra Norte, de Madrid.

Según la página web de la marcha me esperaban 1700 metros de desnivel acumulado, pero mi altímetro registró un total de 2600 metros. No se sabe el número de puertos real que hay en este recorrido, porque las continuas subidas y bajadas, el piso irregular y las pendientes diabólicas de algunos tramos la convierten en un sinvivir constante. En teoría hay 5 puertos, pero si nos fijamos en el perfil, vemos que bien podrían señalizarse uno ó dos más. Había quien debatía si esta marcha era más dura que la QH o no. Aunque no he tenido la ocasión de hacer la QH, creo que no se pueden comparar, ni en distancia ni en el espíritu de los participantes. Quizá los defensores de la dureza de la Sierra Norte se basan en que un cicloturista normal puede terminar la QH en 10 ú 11 horas sin sentirse perseguido por la Guardia Civil, mientras que en marchas como la Sierra Norte tienes que estar realmente fuerte o te quedas más solo que la una, y la tentación de abandonar es mucho más acusada.

En mi primera participación, en 2003, al no estar muy seguro de mi forma física, opté por eludir el bucle del puerto de Campadales, haciendo así unos 10 kms menos de recorrido. En esta ocasión decidí hacer la marcha completa, aun corriendo el riesgo de sentir el aliento del coche escoba en el cogote, una sensación nada placentera que he tenido que sufrir en alguna que otra marcha...

En la salida quedé con mis antiguos compañeros del club Hortaleza y Nacho, del Pueblo Nuevo, ese con quien suelo charlar unos minutos antes de partir y ya no vuelvo a ver más... Me dio mal rollo que mi ex-colega Javi Domínguez, viejo ciclolistero, no se animara a participar por no estar muy en forma. Ironías de la vida, su baja forma es comparable a la mejor que yo haya tenido nunca, y aun así yo estaba listo para participar mientras que Javi, muy loable por su parte, se había acercado para ayudar en tareas organizativas.

No veía en la salida ningún candidato a ser "la rueda buena". En fin, me dije, ya sabes a lo que vienes aquí, a sufrir... Un colega me señaló a unos ciclistas al fondo y me dijo: ¡Mira, ese es Félix García Casas, seguro que gana!...  ¿¿Ganar?? ¿¿Ganar qué?? Una vez más, me encontraba a punto de disputar una carrera, cuando yo venía a una marcha.

Pues nada, ya que hemos pagado, vamos a por ello. La salida fue fulgurante, como siempre en esta marcha, cuesta abajo los primeros 15-20 kms, con un pelotón nervioso que me sobrepasó rápidamente. En la vorágine del descenso perdí de vista a mis compañeros Miguel Angel y Jesús, que aunque iban algo mejor que yo podían ser buenas referencias. Cuando vi que detrás aparecía la ambulancia y un coche con sirena, pensé que habían tirado para adelante, y realicé el esfuerzo de ir superando grupos para intentar cazarlos. Cuando ya había dado esa tarea por perdida, cerca de la presa del Villar, alguien me gritó por detrás: "Joder, colega, ¿dónde te metes?". Eran mis compañeros, que en realidad iban por detrás y habían ido a tope para cazarme a mí. Aquí comenzó nuestra aventura cicloturista. Al lado del embalse vi una caída que parecía seria, con muchos ciclistas parados.

La subida al collado Fragüela comenzó con importantes rampas, que me recordaron lo poco que había entrenado este año subiendo puertos, pero yo puse el tercer plato y empecé a hacer funcionar mi cabeza, esa que no me suele abandonar en las marchas. A partir del kilómetro 40, el pelotón se había disgregado completamente en un rosario de corredores, especialmente en los puestos de atrás. Como en 2003, otra vez me sobrecogí con los precipicios que se abren a la derecha de esta carretera. Atravesé Puebla de la Sierra en compañía de mis colegas y una chica que llevaba un ritmo constante, no muy fuerte pero incansable. La subida al coloso del día, el puerto de la Puebla, puso a cada uno en su sitio. Mis colegas iban más fuertes, y yo fui a mi ritmo, sobrepasando a algunos que se iban quedando, pero sin desfondarme. Desde lo alto se veía toda la subida del puerto, y un importante reguero de ciclistas que iban quedando atrás, pero no nos engañemos, yo ya estaba muy lejos de los grupos de cabeza. En el puerto me reagrupé con mis compañeros, pero en la bajada volvieron a dejarme atrás muy fácilmente.

Descubrí una vez más mi condición de rodador. No porque demostrara nada en el llano, que casi no lo hubo, sino porque quedé completamente descartado para los descensos y las escaladas, visto lo visto. Unos kilómetros más tarde otro compañero de "fuga" me abrió los ojos. En un momento que dije: "uff, me he equivocado de desarrollo", el me replicó: "Y yo, de hobby!!!"

En Prádena vi un grupo de ciclistas que optaron por suprimir de su marcha los tres puertos finales y giraron a la izquierda, rumbo a Mangirón. Al pasar Montejo me crucé con la cabeza de "carrera", donde iba Félix García Casas junto con otro escapado, bajando a toda velocidad, mientras yo comenzaba el bucle Hiruela-Cardoso. Me llevaban 30 kilómetros de ventaja. Esta parte del recorrido la hice bastante solo, a ratos charlando con Angel, un ciclista de Alcalá, que con 56 años se dedica a hacer todas las marchas que puede, y a ratos superando a algunos otros. Al pasar de nuevo Montejo comienza la subida a Campadales, con sus terroríficos porcentajes. Pasé por el cierre de control con unos 30 minutos de antelación, lo que me hizo afrontar el final de la marcha con la tranquilidad de poder terminarla. El lo alto de Campadales coincidimos unos ocho ciclistas en el avituallamiento, y el miedo se apoderó de nosotros cuando escuchamos que el coche escoba ya venía detrás de nosotros. No es justo, con lo orgulloso que estoy de la marcha que estoy haciendo... A correr se ha dicho, y me metí en la zona más pestosa y con peor asfalto (¿pero había asfalto?) de todo el recorrido. Sin llegar a formar grupo, íbamos 8 ó 10 ciclistas dispersos, a ratos se adelantaba uno y a ratos otro, sin más objetivo que poner tierra por medio y llegar cuanto antes al siguiente avituallamiento, en la presa de Puentes Viejas. A partir de este punto pude exprimir algo de mis piernas, y encabecé el grupo a un ritmo frenético en la bajada y el llano, cazando a algunos ciclistas que iban por delante y a otros que se habían saltado el bucle de Campadales. A partir de El Berrueco la carretera se ponía otra vez cuesta arriba, y allí comenzó un "sálvese quien pueda". Cada uno tiró como le pidió su cuerpo, y sin saber muy bien como, cruzamos La Cabrera y afrontamos la última subida del día, hasta Valdemanco. Empleé 6:50 h. por mi cronómetro, más las paradas de los avituallamientos.

La paella final tenía pinta de estar buena, pero no pude comer más de 8 ó 10 cucharadas, porque el cuerpo no me admitía más. Eso sí, los que estuvimos en la meta al final de la jornada nos llevamos un justo premio. La comida y bebida sobrante se repartió generosamente, y me llevé una caja de zumos para mis hijas. El justo premio a la paciencia.

En resumen, jornada extraordinaria de cicloturismo (para unos pocos) y de carreras (para otros muchos), con una organización muy buena, comida y bebida en abundancia, y buen trato para todo el mundo. Ayer juraba que nunca más participaría, pero hoy mismo ya pienso que merece la pena recorrer estas impresionantes sierras tan cercanas a la urbe madrileña.


Jose A. Jimenez
Madrid, 9 de Mayo de 2005