MARCHA
CICLOTURISTA INTERNACIONAL
QUEBRANTAHUESOS (23
de Junio de 2007).
|
CARACTERÍSTICAS Y PERFIL |
|
Longitud: 205 km. SALIDA:
|
MI
CRONICA DE LA MARCHA CICLOTURISTA INTERNACIONAL QUEBRANTAHUESOS 2007
Mi primera QH
Estaba pensando en un título original para esta crónica... pero al final me he
quedado con este, el más repetido por las decenas de cronistas que, durante
todos estos años, he venido leyendo envidioso, hasta que al fin he podido
escribir la mía. Yo también pasaré por el ritual de escribir el título "Mi
primera QH", cumpliendo otro de mis sueños desde hace varios años.
No me remontaré a ese momento en que oí hablar por primera vez de una cosa
llamada Quebrantahuesos, hace 7 años (no soy muy precoz, lo reconozco), ni
siquiera a primeros de 2007, cuando decidí reservar alojamiento en Biescas para
esta QH. No me referiré a la semana previa a la QH, durante la cual estuve
disfrutando de la comarca pirenaica en un viaje que siempre recordarán mis hijas
y mis sobrinas. Tampoco al día 22 de Junio, que empezó bastante torcido, con un
inoportuno pinchazo de la rueda de mi coche cuando había quedado en saludar a
Miguel Bernabé, un amigo ciclista al que sólo conocía por Internet desde hace
unos pocos años. Afortunadamente la avería sólo me retrasó un tiempo, y mi
familia pasó un día agradable con la de Miguel. La historia del coche acabó con
final feliz en un taller de Sabiñánigo, muy cerca del pabellón donde recogí el
dorsal. Mi cuñado, que corría la Treparriscos también por primera vez, me dijo
en perfecto andaluz de Jaén: "Que to's los pinchazos de la semana sean el que
has tenío".
Así que supondremos que la cosa comenzó el día 23 a eso de las 7:30 h, con un
chupinazo que me hizo dar un respingo de sorpresa. Había llegado a la línea de
salida en bici desde Biescas, y me había situado muy bien, junto a varios amigos
de un grupeto que denominamos Pakefte ("Peña de amigos de los kilómetros en fase
terminal", no me preguntéis por el origen del nombre...), la mayoría de ellos
ciclistas sin club y amantes de las brevets, aunque yo, que soy de distancias
más cortas, "milito" en el Hortaleza. Antonio también iba vestido del club
Hortaleza, donde estuvo hace un par de años. Empezamos a marchar en apenas 5
minutos desde la salida oficial, bastante rápido, pero no tanto como me habían
hecho pensar los que me hablaban de las salidas de la QH. O quizá me he
habituado ya, y como soy buen rodador, no lo noto tanto.
El paso por la ciudad de Sabiñánigo llena de gente, bajo un puente abarrotado en
Jaca, los sucesivos pueblos hasta Canfranc, y sobre todo la llegada a Somport,
primer puerto de la jornada, fue de lo más bonito que recuerdo en marchas
ciclistas. El frío me permitió disimular el continuo estado de "piel de gallina"
de mis piernas, que en realidad se debía a la emoción transmitida por la gente,
siempre animando. Lo pasé un poco mal en el "prepuerto" antes de Canfranc, pero
me fui encontrando mejor a medida que avanzaba la subida, y coroné Somport con
energía. Me permití sacar el teléfono móvil para hacer un par de fotos en
marcha, jaleado por el público. Uno de los integrantes del Pakefte, Jesús, se
había ido por delante, buscando batir su propio record, mientras que otros se
habían quedado un poco atrás, tomándose la marcha con más calma. En esta zona
nos adelantaron un par de compañeros del club Hortaleza, a un ritmo poco
apropiado para mí. En Somport se formó el trío en el que haría toda la marcha un
servidor, con el ciclolistero Antonio González y el escalador Buje, dotado con
su GPS, que también estuvo conmigo este año en los Lagos de Covadonga.
Acepté un trozo de periódico para proteger mi pecho y me lancé al descenso, con
todas las precauciones del mundo, recordando el fatídico accidente de 2006. Se
notaba un poco de silencio en el ambiente, y creo que la gente bajaba más
despacio que en otros sitios. El descenso se hizo interminable, y llegué a
tiritar de frío, deseando que aparecieran los rayos de sol y alguna subida para
calentar un poco. Cuando pensé en desprenderme de mi periódico vi que el suelo
estaba plagado de ellos, mientras una señora francesa con cara de pocos amigos
se esforzaba en mantener limpio su porche, escoba en ristre. No vi ninguna
papelera, y lógicamente lo guardé hasta el siguiente avituallamiento. Pensé en
la imagen que se estaba haciendo la gente de aquel pueblo de los ciclistas
españoles, y me pareció lamentable.
La subida a Marie Blanque es menos difícil de lo que me imaginaba, aunque a
duras penas superé los 7 km/h. En general, los puertos de la QH me han parecido
muy engañosos. La pendiente no se nota a la vista, pero sí en las piernas. Buje
llegó por delante, sacando el escalador que lleva dentro, y Antonio se descolgó
un par de minutos, ya que su motor diésel aún no estaba bien ajustado todavía
(como buen brevetero, empieza a engranarse a partir de los 300 kms). Buje miró
su GPS y comparó con su tiempo del año pasado. Nos dijo que estábamos 15 o 20
minutos mejor, lo cual nos puso contentos, pero ya me encargué yo de
dilapidarlos en los sucesivos avituallamientos. A continuación hicimos el
descenso más bonito que recuerdo en bicicleta, con un fantástico asfalto y un
mejor paisaje. En el llano hasta Laruns exploté mis dotes de rodador, tirando de
un considerable grupo con algunas ayudas de Antonio, y cogiendo a otros grupos
que iban por delante, hasta que llegamos en medio de un gran pelotón al comienzo
del Portalet. Los primeros kilómetros tienen un desnivel muy suave, de esos que
me van bien a mí, mientras que nuestro escalador, Buje, se empezó a resentir un
poco de la velocidad que habíamos imprimido en el llano, así que se mantuvo
prudentemente a rueda. El problema comenzó cuando se fueron acumulando metros de
desnivel y porcentajes superiores al 5 %, en los que noté que empezaba a
atrancarme un poco. De forma paulatina fui perdiendo metros con respecto a mis
amigos, y afortunadamente llegó el avituallamiento de Artouste justo cuando
estaba sufriendo un principio de pinchazo en el adductor izquierdo. Estiré y
comí un poco, y salí de nuevo a toda velocidad, aprovechando los kilómetros casi
llanos y sabiendo que al poco me alcanzarían Buje y Antonio, que se lo tomaron
con más calma. A 4 ó 5 kilómetros del puerto me adelantaron tranquilamente,
mientras yo me había adaptado al paso de unos vascos poco habladores. La
temperatura había subido. Ya no tenía el frío de Somport, pero mis piernas
volvieron a mostrar ese estado de "piel de gallina" en los últimos cuatro
kilómetros de subida, plagados de seguidores, en su mayoría vascos, animando sin
parar, escribiendo nombres de ciclistas en el asfalto y ofreciéndonos todo tipo
de comida y bebida. Algunos habían montado pequeñas carpas que parecían puntos
de avituallamiento. ¡Me llegaron a ofrecer una tentadora y gigantesca cuña de
tarta de queso!
Ante tanta afición no podía pararme. Imprimí un ritmo más alto del que me
permitían mis esquilmadas fuerzas, y conseguí coronar. Por fin se acabó el
sufrimiento del Portalet y me reagrupé con mis compañeros de ruta en el alto.
Sentí un calambre en la pierna izquierda cuando la dejaba parada, así que
continué pedaleando hasta el avituallamiento de Formigal. Estiré de nuevo y
desaparecieron las molestias. En ese punto Buje consultó su GPS y nos dijo que
habíamos perdido ya todo el tiempo ganado y un poco más. Me sentí culpable,
aunque me reconfortó ver que mis amigos eran así de generosos.
Nos lanzamos al descenso, con un poco de miedo a los dos kilómetros de la Hoz,
pensando en que no se reprodujeran los calambres. Puse el tercer plato y me
sentí un poco mejor, aunque mis amigos me sacaron algo de tiempo. Vimos que aún
teníamos la posibilidad de conseguir la medalla de plata, así que una vez que
descendimos de la Hoz, ahora por fin en mi terreno, me puse a la cabeza del
grupo y empecé a tirar muy fuerte. Se ve que la gente tenía suficiente con esa
velocidad, pues estuve bastantes kilómetros rodando a más de 50 km/h,
encabezando un grupo que se iba engrosando con unidades a las que dábamos
alcance, con esporádicos relevos de Antonio y nadie más. Llegando a Biescas
alguien intentó ponerse en cabeza, pero me dio el punto de ego personal y no se
lo permití, sabiendo que en el cruce estarían mi mujer y mis hijas. Pasé por el
cruce encabezando el pelotón a tal velocidad que no les di tiempo a sacar fotos,
y ya puestos, seguimos a toda velocidad hasta Sabiñánigo, aunque bajamos un poco
el ritmo al integrarnos en otro pelotón que iba conducido por ciclistas de la
Universidad Politécnica de Valencia. Así entramos juntos en meta Buje y yo, en
un grupo bastante numeroso que se disgregó entre los coches atascados, justo
antes de afrontar la recta final. Antonio se tomó estos últimos metros algo más
relajado, pero todos conseguimos entrar en tiempo de medalla de plata. En mi
caso, nueve horas y un minuto.
Estoy muy contento, para ser la primera vez. Subiendo el Portalet estaba
convencido de que ya no volvería a hacer la QH nunca más, pero ahora tengo
serias dudas. Posiblemente en Enero estaré ansioso de que se abra el plazo para
inscribirme de nuevo...
Madrid, 26 de Junio de 2007
Jose A. Jiménez