XI MARCHA
CICLOTURISTA INTERNACIONAL PERICO DELGADO (29 de Agosto de 2004 -
Segovia)
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Longitud: 155 km.
Dificultad: Muy alta
Leer crónica de la marcha
SALIDA:
Plaza del Azoguejo, en Segovia, bajo el Acueducto Romano.
Inscripciones y Meta en el Polideportivo Pedro Delgado, en la carretera
de La Granja / Puerto de Navacerrada.
CIFRAS DE LA
MARCHA:
- CORREDORES INSCRITOS: 1.592 (21 mujeres)
- POR NACIONALIDADES: España, Andorra, Colombia, Francia,
Inglaterra y Portugal.
- POR PROVINCIAS: 51 (unicamente falta Melilla), más
numerosas:
- Madrid: 415
- Segovia: 96
- Valencia: 89
- CLUB MAS NUMEROSO: C.C. ZARABICI con 21 participantes (han
participado 487 clubes diferentes).
- PARTICIPANTE MAS LEJANO: de Tenerife (dorsales 46, 715, 717,772,
773).
- PARTICIPANTE DE MAS EDAD: Enrique Casado Villanueva, de Oviedo
nacido el 31 de marzo de 1932.
- PARTICIPANTE MAS JOVEN: Fernando Pérez Toledano, de
Torrejón de Ardoz, Madrid, nacido el 14 de agosto de 1987.

MI
CRÓNICA
Mi primera participación en la
Marcha Cicloturista Internacional Perico Delgado no ha podido ser
más satisfactoria. Esta temporada no había hecho ninguna
etapa con mas de 130 kms, y tampoco había subido varios puertos
"de verdad" seguidos, aunque la subida al Pico Veleta, que hice en
Julio, es como los cuatro puertos de la Perico seguidos. También
he hecho últimamente muchas salidas con bici de montaña
por la Sierra Sur de Jaén, lo que me hacía sentirme
fuerte. En todo caso, un acontecimiento de esta entidad siempre
acongoja bastante, especialmente la primera vez. Un compañero de
trabajo, Nacho, se decidió a participar, y se vino en coche
conmigo. Cada uno tenía claros sus objetivos: yo
pretendía terminar la prueba dentro del tiempo de control, Nacho
aspiraba a intentar luchar por el oro, pese a "no estar muy preparado
este año", según decía. El es uno de los tipos
más fuertes del club Pueblo Nuevo
y, por supuesto, consiguió el diploma de Oro.
¿PERO ESTUVIMOS EN EL ACUEDUCTO?
La llegada al pabellón a las 7:30 h de la mañana fue
bastante difícil, porque no estaba indicada (o no vimos nada por
el nerviosismo del momento). Al final seguimos a varios coches cargados
de bicicletas y nos encontramos aparcando en medio del campo de
fútbol de tierra junto al polideportivo. Recogimos los dorsales
y los chips de control a toda prisa, y nos fuimos hacia el
acueducto a las 8:00 h.
La imagen más impresionante del día llegó cuando
vi la explanada tomada por más de 1500 ciclistas. Minutos
más tarde recordé que había estado junto al
acueducto y ni siquiera había echado una mirada para arriba. Me
reuní con mis compañeros del Hortaleza y alguno del
Pedalibre. El ciclolistero Antonio también estaba por
allí en su doble
condición, actuando como nexo entre los grupos.
Comenzamos la marcha con un retraso lógico de 15 minutos y la
masificación esperable al tener que pasar todo el mundo bajo el
arco salida, pero en la cuesta abajo el grupo se estiró mucho y
la circulación se hizo bastante fluida, salvo en algún
repecho a la salida de la ciudad. Hacía fresco, pero no
eché de menos los manguitos, y vi
que ya no tendría problemas de frío el resto del día.
¿NEUTRALIZADOS?
En Torrecaballeros acabó la marcha neutralizada (aunque yo no me
había sentido "neutralizado" en absoluto) y cada grupo se puso
su ritmo. Nosotros estuvimos circulando un buen rato junto a unos
chicos de Zafra que iban a buen ritmo, pero mi colega Miguel Angel se
empeñaba en dar caña, y quería progresar. Los
adelantamos, aunque volvimos
a encontrarnos con ellos en repetidas ocasiones.
El paso por Navafría fue muy bonito, con gente animando desde
las aceras. Comenzó el único puerto que era desconocido
para mí. Me pareció bastante bonito, entre pinares, y con
buen asfalto. Lo subimos de forma ágil, capitaneados por Josu,
del Pedalibre, y pronto nos encontramos arriba, donde cambió
completamente la decoración. La carretera de bajada a Lozoya era
infernal, con baches, gravilla suelta y locos lanzados hacia abajo, a
pesar de que existía la posibilidad de encontrar
tráfico en contra.
Como era lógico, me descolgué en la bajada. Llegando a
Lozoya me adelantó Josu, con su típico estilo acoplado al
manillar y su transportín con tartera. ¡Qué raro!
-pensé-, juraría que iba delante de mí. Luego supe
que había tenido un encuentro amoroso, revolcón incluido,
con un pino
de la cuneta. Afortunadamente, sin consecuencias.
LA MITAD FÁCIL
Al cruzar Lozoya me encontré sin grupo, y me tocó rodar
por el llano para contactar con mis colegas de Hortaleza, lo que
conseguí sin dificultades. Me sentía bien. En la subida a
Canencia formamos grupo los cuatro de Hortaleza (Antonino, Miguel
Angel, Antonio y yo) más Josu, de Pedalibre, y un chaval que fue
miembro de Hortaleza en el pasado (Jesús). Hicimos una subida
tranquila, pero en la parte más dura, cuando estaba en animada
charla con Jesús, vi que los demás se habían
quedado un poco. Me sorprendí bastante, porque en mis
últimas salidas con el club yo era el que iba peor en las
subidas. Llegué a Canencia muy bien, cada vez más
animado, hasta que alguien dijo la gran verdad: "Ya hemos hecho la
mitad fácil del recorrido". Efectivamente, convenía no
estar eufórico, que aún quedaba mucho. Nos dimos el gran
festín en el banquete, que no avituallamiento, de Canencia. El
personal de la organización estaba extraordinariamente amable
con los ciclistas, y te invitaba a comer más. Saludamos a
Manolo, otro miembro del Hortaleza que había venido a hacer una
parte del recorrido con nosotros y nos acompañó
hasta la mitad de la subida a Morcuera.
La bajada de Canencia fue mucho más fácil para mí
y en Miraflores nos agrupamos todos para asaltar la Morcuera. Todo el
mundo hablaba del temido kilómetro 13 y de lo larga y aburrida
que era esta subida. De repente se nos unió una pléyade
de ciclistas con transportín. Era el conocido "pakefte", un
grupúsculo de Pedalibre que, aparte de las rutas alforjeras,
hace incursiones en las marchas cicloturistas. Montamos una tertulia
socio-cultural muy interesante hasta la mitad de la subida. Cuando el
grupo se fue disgregando me encontré tirando para arriba, en
solitario, y bastante bien de fuerzas, así que en los
últimos kilómetros fui adelantando ciclistas y
llegué arriba, donde cogí un bidón con sales y
esperé a los demás. Me encontré al ciclolistero
Alberto, al que no conocía. Apenas tuve tiempo de saludarlo,
porque mis colegas ya estaban empezando a bajar y, teniendo en cuenta
mi torpeza en el descenso, más
me valía salir por ellos.
EL ÚLTIMO ESFUERZO
La subida a Cotos fue una copia de las anteriores, pero Miguel Angel,
que estaba realmente sobrado, tiró hacia delante por consejo de
Antonino. Esta vez apareció otro ciclista de Pedalibre, que nos
acompañaría sólo este puerto. Parece que este
grupo tenía preparada una estrategia perfecta. Nos
adelantó un grupo y creí ver de nuevo a Alberto entre
ellos. En varios puntos de este último puerto nos encontramos
con unos señores muy amables, que nos ofrecían botellas
de agua sin bajarnos de las bicis. Siempre eran los mismos, parece que
tenían asignados un grupo de ciclistas, lo que da una idea de la
magnitud de la organización. También nos adelantaron
varios coches de apoyo mecánico. La verdad es que no me
sentí abandonado en ningún punto.
El termómetro de mi ciclocomputador marcaba 34º. Estaba
haciendo más calor del esperado. Josu estaba intacto, y tiraba
del grupo con energías, seguido por Antonio. En las rampas
más duras de Cotos les sugerí que bajaran el ritmo;
después sufriría las consecuencias el propio Antonio, que
tuvo que parar a descansar un poco. De nuevo hice en solitario los
últimos dos kilómetros, seguido
muy de cerca por Antonino.
Llegué junto a una pareja (chico y chica) que estaban haciendo
la marcha juntos. Me llamó la atención un ciclista con
maillot rosa, al que había adelantado sistemáticamente en
los dos últimos kilómetros de los cuatro puertos. El
hombre iba muy atrancado, sin ninguna cadencia. En los tres puertos
anteriores le miré el desarrollo y vi que, a pesar de tener tres
platos, llevaba puesto el mediano. No entiendo por qué no
cambiaba al pequeño, para ir más desahogado. Yo no tuve
ningún reparo en poner el tercer plato durante casi todas las
subidas. Me encuentro más cómodo con el plato
pequeño y bajando un par de piñones que con el plato
mediano. En Cotos el hombre había puesto por fin el plato
pequeño. Pese a todo, le
vi igual de atrancado que en los puertos anteriores.
MI CALVARIO PARTICULAR
En Cotos noté un pequeño dolor en el cuádriceps
derecho. Intenté estirar pero el dolor se agudizó.
Pensé que iba a sufrir un tirón y me preocupé
mucho. Bebí mucho y me tomé dos tajadas de sandía,
que me sentaron estupendamente. Nos agrupamos Miguel Angel, Antonino y
yo. El tiempo pasaba y no teníamos noticias de Josu y Antonio.
Empecé a sentir frío y decidimos marcharnos, porque
sabíamos que ellos estaban bien acompañados. En el falso
llano hasta Navacerrada vi que mi dolor persistía y mi
sensación de frío aumentaba. No pude hacer ninguna
exhibición en mi mejor terreno y mantuve a duras penas el
contacto visual con mis compañeros.
La bajada de Navacerrada es muy rápida, y las Siete Revueltas
son una zona especialmente poco adecuada para mi condición de
globero miedoso. Me adelantó todo el mundo y perdí de
vista a Antonino y Miguel Angel, que bajan mucho mejor. Pensé
que, en condiciones normales, podría volver a contactar con
ellos en el llano, pero me equivoqué. Hice realmente
rápido la zona de Boca del Asno y la Pradera de Navalhorno, pero
en los repechos de La Granja me volvía a pinchar el muslo,
así que bajé el ritmo. Pasado Riofrío
empecé a notar que se me agarrotaba el gemelo izquierdo y me
dolían tremendamente los dedos del pie. ¡No puede ser, si
sólo faltan 10 kilómetros!
En los últimos tramos todavía me adelantaron varios
grupos y mi velocidad bajó muchísimo. El jodido
polideportivo no se veía a lo lejos... El dorsal 646, a quien
había adelantado yo antes de llegar a La Granja (me fijé
en él porque mi número estaba cerca, el 648) me
adelantó y me pegué a él para hacer los
últimos 5 kilómetros. Gracias a él entré en
el polideportivo por el sitio correcto. A diferencia de lo que me
ocurrió en la Pandera,
esta vez no habían desmontado el arco de Meta.
CONCLUSIONES
Estoy muy feliz con las 7 h 21 minutos de mi primera
participación en esta marcha. Mi colega de trabajo Nacho, a
quien habíamos dejado en esta narración junto al arco de
Salida, estaba en la meta desde 2 horas y media antes. Me dijo que se
había puesto ciego de pasta y coca-cola, pero aún se
tomó otro plato de pasta conmigo, en el césped. Pedro
Delgado estaba por allí, repartiendo saludos, sonrisas y
autógrafos a todo el mundo. La organización fue magistral
y los avituallamientos, estupendos.
Nada que alegar en contra de esta marcha aunque, como siempre ocurre en
estos casos, vi bastantes envoltorios de barritas, botellas
vacías y toda clase de desperdicios en las cunetas de los
puertos. Es una pena que alguien piense que merece la pena ensuciar la
cuneta para ganar 30 segundos en la meta o para no manchar el bolsillo
del maillot. Pese a todo, los chicos de la organización no
paraban de recoger desperdicios y supongo que al final dejaron la
carretera bastante decente.
José A. Jiménez
Madrid, 30 de Agosto de 2004.