EL INFIERNO DEL SUR
Crónica de una jornada cicloturista, por Isidro Nieto, ciclista de La Pedriza (Sierra Sur de Jaén)
...suena el despertador, pero esta mañana
su sonido me resulta agradable, hoy no va a ser un día cualquiera. Me desperezo
de la apacible somnolencia y observo por la ventana que en el exterior reina
todavía la oscuridad, el largo y cálido verano está en sus últimos compases. Me
enfundo "el traje de guerrero" y voy en busca de mi compañera de "tortura". Una
fresca y embriagadora brisa mañanera me recibe al dar las primeras pedaladas.
Tan absorto y plácido voy que no me percato de que el astro rey comienza a
despuntar en el horizonte ¡qué maravilla!, en estado puro.
Qué gozada ver cómo toda la fibra sensible de tu cuerpo responde a los dones maravillosos de la MADRE NATURALEZA. Continúo, en el camino se incorporan dos compañeros de fatigas que se han atrevido a involucrarse en tamaña empresa, aunque con pensamientos dispares. Uno receloso y temeroso ante un nuevo pulso con el COLOSO, ya lo ha padecido varias veces en sus carnes, y cada vez que ha de enfrentarse a EL lo abruma lo incierto del desenlace. El otro es todo ilusión, el hechizo de lo desconocido y una pasión fuera de control, ayudada quizás por la bisoñez en estas lides. El ambiente es distendido y relajado, un pequeño repaso al mundo laboral, otro a los "problemillas" y tensiones familiares, ser del Atletico o del Betis y el ya famoso, ancestral y primitivo aunque no por ello menos interesante "quién folla con quién".
Conforme nos vamos acercando al INFIERNO observo en mis compañeros la tensión propia de lo que se nos avecina; la charla es menos fluida, la respiración más entrecortada, los músculos se van tensando como los de un individuo recién salido del psiquiátrico. No hay duda, los síntomas son inequívocos, el guerrero está listo para el combate. Los primeros tanteos son claves, has de conectar con la montaña, respirarla, sentir sus vibraciones, su química, su poder de seducción, su erotismo, para que Ella te acepte en sus dominios y te proteja bajo su aura misteriosa. El primer asalto se ha solventado con bastante dignidad y ya se sabe con certeza el papel que va a desempeñar cada uno, hasta el resto de la ascensión.
Aprietas los dientes, zigzagueas de un lado a otro intentando mantener el equilibrio, te retuerces como una pitón africana, intentas no levantar la mirada para no ver el desolador panorama; estás al borde del K.O., te asaltan innumerables preguntas y por la falta de lucidez a estas alturas, de difícil respuesta. Qué hago yo aquí, por qué tanto sufrimiento, nadie me obliga a esto, no tengo que demostrar nada, en la próxima curva echo pie a tierra (ahora que no me ven)... Estás a punto de arrojar la toalla, pero una pequeña llama prende en tu interior, empiezas a ser consciente de que existes, que estás allí, en aquel lugar, a esa hora y en ese preciso momento, más vivo que nunca, que no eres un ser mediocre e insignificante, como tú creías, te vas animando y, sin querer, vas haciendo un retrato fugaz de tu existencia. Tus compañeros de colegio, tus primeros escarceos amorosos, la mili, el primer trabajo, tu novia, el recuerdo de los seres queridos que se fueron; parece una despedida, pero no es nada más y nada menos que estamos culminando la gesta. En la cumbre, cerca de los dos mil metros, las sensaciones son muy fuertes, y pese a los rostros demacrados por tanto esfuerzo, nos invade una sensación de paz y euforia difícil de explicar. Me viene a la memoria un viejo proverbio árabe: <<Cuanto más duro y arduo es el camino, más dulce será el reposo>>.
No hace falta ser un gran personaje para
realizar una hazaña, simplemente conocerse y ser uno mismo, e intentar sacar lo
bueno y maravilloso que todos llevamos dentro. Nos jactamos diariamente de
conocer todo lo que nos rodea, y cuando tocamos a nuestra puerta, somos unos
perfectos desconocidos. Quizás por eso no culminemos con éxito muchas
ASCENSIONES DIARIAS, porque nos sobran muchos kilos de arrogancia, soberbia,
envidia, prepotencia y mala leche. No hay dietas milagrosas, ni polvos ni
varitas mágicas, simplemente que una parte de nuestra estructura celular la
tenemos atrofiada. La humildad, el tesón, la fe, la paciencia, la pasión... Tal
vez por eso valoré aún más si cabe el coraje y espíritu de mis compañeros; no
estaban obligados a nada, no había ninguna remuneración económica de fondo, ni
garantía de final feliz, nadie los esperaba con pancartas de aclamación ni
coronas de laureles, y seguramente la noche anterior tendrían sus "rifi-rafes"
con su pareja. Es complicado dar repuesta cuando te hacen la ya clásica pregunta
con ese ligero toque acusador: ¿Y por qué lo haces? Sólo se me ocurre una, y es
la misma que dan los grandes alpinistas cuando se proponen alcanzar la cima del
mítico y legendario Everest: <<simplemente porque está ahí>>.
Estoy convencido que lo vivido ese día nos servirá para rellenar esos días tristes y oscuros que, por desgracia, cada vez asoman más en nuestras vidas. Si lo conseguimos, ese sería verdaderamente nuestro gran triunfo.
Mereció la pena, por un día fuisteis ¡¡únicos!!
-----
Isidro Nieto, La Pedriza.
Este texto fue escrito en 1998, después de realizar una ruta en
bicicleta para ascender
a las instalaciones militares de la Sierra de la Pandera (1845 metros sobre el
nivel del mar), mucho antes de que
esta cumbre fuera descubierta en la Vuelta Ciclista y conocida por el gran
público.