Tour Mítico - 25 de julio: Luz St. Sauver - Gedre - Circo de TROUMOUSE - Gedre - Pragneres Minimizar

Después de una etapa corta como la de ayer, hoy vuelvo a las andadas, y voy a terminar superando de nuevo los 2.000 metros. Toca llegar hasta el circo de Troumouse, un lugar tan idílico y encantador como duros son sus últimos nueve kilómetros. Hoy me he puesto el despertador, porque estoy comprobando que despertarse con el canto de los pájaros es muy agradable, pero poco recomendable para las largas etapas, donde el sol hará estragos en las alturas.

A las 7 y media, aún con bastante humedad y algo de frescor, salgo del camping, rumbo a Luz St. Sauver. A estas horas, incluso puedo cruzar el pueblo sin poner pie a tierra ante un atasco, pues no hay apenas tráfico. El resto del día, es una tarea imposible. Comienzo de nuevo el camino, ya conocido, hasta Gedre: la fuente de Sia, avituallamiendo líquido indispensable; el llano de Pragneres para tomar carrerilla, las curvas una vez pasado Gedre, preciosas siempre... y el cruce de hace dos días, que hoy tomaré hacia la izquierda, dirección Heas y Cirque de Troumouse.

Girar y empinarse la carretera: ya no habrá metros fáciles, la paciencia y el disfrute del paisaje serán las constantes. He rebasado los 1.100 metros de altitud, el valle es más estrecho, el tráfico bastante escaso, y los 10% asoman de vez en cuando. Cuando se acerca el pueblo de Heas, hay incluso un 14% en una serie de revueltas que rodean un monumento que no acierto a saber qué es. En el pueblo, junto a un área de acampada, a casi 1.500 metros de altura, me como un plátano mientras observo la caseta del peaje para vehículos a motor. Los coches que quieran seguir, han de pagar 3,5 euros.

Yo paso diciéndole 'bonyur' a la señorita del peaje.

Y comienzo un rosario de curvas, un mareo total, alguna de ellas espectaculares. El valle se va quedando abajo, en lo más hondo, y con la vista busco el final, pero siempre encuentro una curva más... y otra... hasta que diviso una especie de restaurante, y la carretera tiene 200 metros de bajada... ¿será el final? Me paro ante las mesas, con algún turista sentado contemplando el paisaje, cuando veo, muy a lo lejos, unos coches que bajan... ¿por ahí va la carretera? ¿a quién se le ocurrió semejante cosa?

Efectivamente, la carretera continúa subiendo. Así que allá voy, de nuevo girando que te gira, esto no acaba nunca, el trazado vuelve a semejarse a innumerables escalores tallados en la ladera de la montaña... el altímetro se acerca a los 2.000 metros, las cumbres peladas me rodean, el final aún no se ve, mirar abajo es delicioso, ver lo que hemos recorrido, pero el desnivel no baja del 9% en ningún momento... ¿dónde termina esto?

Luego ocurre que llegas arriba y se te olvida todo, en plan masoquista te da incluso pena terminar, pero al fin, tras una curva a la izquierda (una más), llego a una pradera, un enorme aparcamiento, con un pequeño letrero que dice “Cirque de Troumouse 2.103 mts”, donde mi cámara inmortaliza el instante.

Aquí, donde se termina el asfalto, comienza una serie de rutas a pie, bien señalizadas, para completar unas excursiones cortas pero de belleza intensas. Es de lo más normal ver por aquí arriba familias enteras, con las mochilas al hombro, organizarse para recorrer todo cuanto alcanza la vista.

Un señor francés se ofrece a hacerme unas fotos. Me dice "c'est tres longue", es muy largo, refiriéndose a la subida, pero me lo dice en un tono que no sé si es afirmación o pregunta, y yo le sonrío diciéndole que sí.

El inmenso circo, los neveros y rincones helados por todas partes, el vacío y el espacio inconmensurables, me hacen sentirme pequeño; pero la gesta me hincha los pulmones y el orgullo, me siento bien ahí arriba, y eso me hace sentirme grande también... Lo he conseguido, en 29 kms de subida y más de dos horas, a una media que no me avergüenza en absoluto de 13 kms/h.

... Y todo lo que sube, debe bajar después. Si espectacular es el rosario de paellas y curvas de herraduras, es un completo éxtasis el descenso, donde la velocidad no puede ser mucha por las continuas frenadas, los tramos rectos son muy cortos, pero la sensación de libertad, del inmenso vacío, de la soledad a veces, pone la piel de gallina y uno querría estirar el momento hasta el infinito.

Seguí bajando hasta Gedre, donde estaba previsto el cruce con mi coche de apoyo, pero al pasar por esta población, y no verlas, continué bajando, que bien merecido lo tengo, y al llegar a la fuente de dos caños de Sia, decidí refrescarme y esperar, aunque no tardaron ni cinco minutos.

Total del día: 53,97 kms, a una media de 17,40 kms/h y una altitud de 1.423 metros.

Cargamos la bicicleta al coche, y volvimos de nuevo hacia arriba, a Gavarnie, pues la excursión de hoy con ellas consistía en recorrer el paradisíaco sendero que lleva a la cascada más alta de Europa, la del circo de Gavarnie.

En este pueblo, como ya comenté, te cobran 4 euros sólo por aparcar. Unos recaudadores a sueldo te hacen parar a la entrada, y te extienden el recibo. Me cambié de ropa en los baños públicos. Una vez comprobado que llevamos en las mochilas lo necesario, emprendemos rumbo a la cascada, deteniéndonos en los puestos, comercios y tiendas para curiosear; en las afueras, por el módico precio de 11 euros la hora, te ofrecen un burro o un caballo para sudar menos la caminata.

Llegamos a pie, sorteando moñigas de los equinos, comimos nuestros bocatas junto al río, y nos volvimos, después de pasar casi toda la tarde disfrutando del entorno mágico de Gavarnie. En el pueblo, nos dimos un pequeño homenaje con dos espectaculares goffres con nata y chocolate que no se los salta un torero.